Some of my Keys

Dieter. (One)


Vacío, falta perceptible de algo en una cosa. Noche, falta de luz en un tiempo predeterminado. Luna, en oposición al sol, astro que rige las mareas. Dieter dio la vuelta a la esquina, la mirada puesta en el cielo, con miedo a bajarla y ver las calles de su infancia, no tan lejana. Madurez, sensatez o buen juicio. Paso a paso, con el yugo de los años a su espalda, Dieter avanzaba.  Farola, soporte de luces que alumbran la calle a los transeúntes. Ventana,  abertura practicada en un muro, para que el interior comunique con el exterior. La luz de la habitación de Frau Hermann se encendió. Dos ojos agrandados por las lentes aparecieron detrás del cristal. Sorpresa, impresión causada por una cosa inesperada. Dieter era esa cosa inesperada. Frau Hermann volvió entrar gritando a su marido. Carretera, camino ancho pavimentado destinado al paso de los vehículos. Destino, lugar a que se dirige alguien. ¿O era fatalidad? Todo pasa por una razón, le decían. Todo pasa por alguna razón.

 La voz de Herr Hermann le llegó de atrás. Dieter, has vuelto, qué tal, has vuelto. Dieter, la voz de Frau Hermann se unió a la de su marido. Se dio la vuelta, y con una leve inclinación de cabeza, conitnuó su camino. Humlikonstraße era la siguiente a la derecha. Dieter. Miedo, perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo, un daño real o imaginario. Eso era lo que sentía. Empezó a correr, galopar por Humlikonstraße. Volver a casa, solo quería volver a casa. Pero se había perdido. No sabía dónde estaba. Parece una plaza, no, no puede ser. Tres años habían pasado ya. Año, tiempo que tarda la tierra en dar una vuelta alrededor del Sol. Una, dos, tres vueltas y todo había cambiado. No corras, Dieter. Por favor. No puedo, Frau Herrman, perdone, tengo que encontrar mi casa. Volver a Magda. No podía. Ya nada parecía lo mismo. Era la plaza del ayuntamiento, ya la reconocía había jugado ahí. La escuela de la izquierda, era la suya. De niño de adulto, había estudiado, enseñaba ahí. Corría, empezó a correr de nuevo. ¡Era su escuela! Tropezó.

  Barro, lodo que se forma en las calles cuando llueve. En la calle, no... No en la calle no hay barro. No. El barro está junto a los cadáveres, no delante de la escuela. Con mis muertos, se oyó susurrar. ¿Dieter? Había vuelto allí. Con mis muertos. Estallar, ruido cercano a la muerte. Muerte, estado de paz, reposo. Sangre, vida líquida. Manos, armas de destrucción. Allí nada tenía el mismo sentido. Todo existe mientras puedas darle un nombre, solía decir en el aula. Si la puedes definir, si la puedes describir, existe. Entonces todo existe, las hadas, los duendes, las brujas, todo. Se llama imaginación. Dieter imaginaba, inventaba cosas, las hacía existir. Enemigos a la vista. Silbido, preludio de la ofensiva. ¿Dieter? Con las manos llenas de barro, cavaba en la tierra. Con esas dos armas, cavaba tumbas y trincheras. Son mis muertos, los he enterrado yo. Son míos. Tumba, último lugar de reposo, primer paso del viaje. Los hago viajar, imaginaba. Los devuelvo a casa. Él había vuelto con sus propios pies, no había necesitado ayuda. Ahora estaba en el suelo. Déjame que te ayude, Dieter. ¡Me puedo levantar sólo, puedo sólo, no necesito ayuda! Estaba cerca de casa. De su hogar, Magda le esperaba.

"Je ne connais pas d'autre marque de supériorité que la bonté" Ludwig van Beethoven

Lockers